Sumérgete en la mente pensante de Abel

Esta semana, como no podía ser de otra forma, tenéis una cita con mi entrevistado 👏 

Hoy os voy a mostrar a Abel, un filósofo de 86 años de los que ya no quedan. Se define como una persona que le encanta escribir y aprender de los clásicos de la generación del 98 y siempre está informándose porque le gusta la vida y le gustaría seguir siendo activo para ser realmente feliz, aunque la felicidad no tiene un concepto porque es diferente en cada persona

No os he mentido cuando he dicho que era un filósofo de los de verdad, ¿eh? 😏

¡Adelante con la entrevista! 

AUA: He visto que eres una persona muy interesante, ¿por dónde quieres iniciar esta entrevista?

Abel: Me gusta empezar hablando de uno mismo porque normalmente tenemos recelo a hacerlo. Yo creo que hay que comenzar por ahí, abriéndonos para que el resto de la gente pueda abrirse también. Soy un hombre que nació hace ya mucho tiempo, en el siglo pasado, antes de la guerra en el año 1934, en un pueblo del Bierzo de León. Allí vuelvo cuando tengo algún tiempo libre y lo echo de menos. Pasé mis primeros 11 años en ese lugar, después empecé a estudiar en un colegio que había en Villafranca del Bierzo, hasta que terminé la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid.

AUA: ¿En qué se basó tu vida laboral?

Abel: Cuando terminé la carrera tuve la oportunidad de encontrar un puesto de adjunto interino en el Instituto Cardenal Cisneros, y ahí estuve de profesor de filosofía cinco años dando esta asignatura a chicos de sexto y de preu. 

Además, trabajé durante veinte años como profesor contratado de la Universidad Complutense de Madrid.

Después entré en una gran corporación de España, la mayor de construcción, y ahí pasé prácticamente el resto de mi vida. Treinta años, ni más ni menos, hasta que me jubilé. Fui encargado, casi siempre, de la enseñanza a nuevos y antiguos mandos de la empresa.

Muchas veces me he preguntado qué hace un filósofo en una empresa constructora. Es una situación un poco extraña y no frecuente cuanto menos.

AUA: ¿Cuál ha sido el momento más feliz que has tenido en tu vida?

Abel: Yo creo que ha habido muchos momentos felices en mi vida. Uno de ellos cuando me casé, por supuesto. Fue un momento muy importante y muy feliz. También cuando vinieron mis hijos al mundo y luego, refiriéndome a mi vida profesional, la enseñanza. Me pagaban por algo que me gustaba hacer, cosa rara en esta vida, ¿no?

AUA: Ha dicho que en el ámbito de su vida personal recuerda el día de su boda, ¿puede contarnos esa historia de amor?

Abel: Mi mujer era de Villafranca del Bierzo, y la conocí una buena tarde bañándome en el río. Yo estaba con unas sobrinas y ella me pareció que era la mujer de mi vida. Nos casamos y, a los dos años juntos, nos vinimos a vivir a Madrid. Asimismo, pasé un lustro en Canarias como jefe de personal de esta empresa que te he comentado. Allí empezaron a nacer mis hijos.

AUA: Has vivido una guerra, una posguerra, una democracia… ¿Qué momento histórico te ha impactado más?

Abel: Tengo recuerdos, aunque un poco borrosos, del final de la guerra civil. En 1939, cuando acabó, yo tenía alguna vivencia de los camiones que iban con soldados al pueblo a recoger ovejas para el ejército. También los oía cantar. Son impactos bastante fuertes de asuntos laterales, pero no de la guerra en sí.

AUA: Sé que te gusta bastante la lectura. ¿Cuál es tu libro favorito?

Abel: Mi libro favorito de siempre ha sido el Quijote. Lo leo de vez en cuando ya que para mí es impresionante. Parece mentira que un hombre como Cervantes haya escrito cosas tan fantásticas que tienen validez hoy día y siempre. Es clave en mi vida.  

También todos los libros que tienen que ver con la filosofía. Al fin y al cabo, soy filósofo. 

AUA: ¿Con qué filósofo te identificas más?

Abel: Yo me siento bastante identificado con Ortega y Gasset y, aunque hay muchas cosas de él que no comparto, creo que es el mejor pensador que tuvo España en los últimos años hasta la década de los cincuenta, que fue cuando nos dejó. Hasta entonces era increíblemente cautivador. Es una pena, a mí me hubiera tocado tenerlo como profesor de filosofía y no pude porque se exilió.

AUA: Tienes varios libros escritos, ¿los has presentado en algún lugar?

Abel: Sí, mira, yo a veces me reúno en un lugar en Madrid llamado Casa de León. En ese sitio se pueden hacer exposiciones y yo presenté tres libros. El primero fue «A sombra de Bergidum», en el que cuento la historia de mi pueblo; el segundo fue «Manuel, un berciano en la guerra de África», donde recojo todas las experiencias que mi padre escribió en su diario cuando estuvo allí; y el tercero fue «Arcén y Macuto», en el que narro mi experiencia de un viaje que hice por Francia e Inglaterra en autostop. Este libro, además, habla de los momentos positivos que habían en esa época.

Ahora estoy escribiendo otro que son ensayos sobre la vida actual. Sigo investigando y trabajando para ello.

AUA: ¿Cómo nos conociste?

Abel: Os conocí por medio del Ayuntamiento de Madrid. Alguien me llamó y me preguntó si me apetecía que me acompañaran por teléfono y eso siempre es una experiencia positiva. Me gusta hablar con los demás para conocer otros puntos de vista sobre la vida.

AUA: ¿Qué nos puedes contar sobre tu nieto adoptivo y vuestra relación?

Para finalizar, nos deja una frase para pensar: «El cuerpo es el pedagogo del espíritu», queriendo recalcar que hay que empezar por amarse y aceptarse a uno mismo. Sin amor no podemos cambiar las cosas y, por eso, si queremos cambiar la vida de los mayores, tenemos que quererlos acompañándolos y aprendiendo de lo que nos cuentan. No te lo pienses más y pincha aquí para acompañar y conocer a otros abuelos majos como Abel 💙

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